La catalogación de manuscritos griegos y los estudios sobre la formación de algunos de estos fondos poseen una larga tradición en España, especialmente el de El Escorial. Ya a fines del siglo XVIII (1769), Juan de Iriarte describe en una obra pionera (Regiae Bibliothecae Matritensis codices Graeci manuscripti. Matriti 1769) los 125 manuscritos griegos de la Biblioteca Real (posteriormente Biblioteca Nacional). La obra se encuadraba en una serie de iniciativas llevadas a cabo en Europ
a a partir del siglo XVII y es casi contemporánea de las catalogaciones de Florencia (Bandini 1764-1770), lo que muestra el carácter avanzado de esta obra monumental. Durante el siglo XIX las catalogaciones llevadas a cabo por eruditos franceses, en particular las obras surgidas de los viajes de investigación (missions) de Graux (sobre todo 4 y 5). El catálogo (4) ofrece un inventario de los manuscritos existentes en la segunda mitad del XIX, mientras que la historia del fondo del Escorial (5) sigue siendo la piedra fundamental de la investigación. En este siglo, en 1936 A. Revilla comienza con la catalogación de los primeros 178 manuscritos de dicho fondo, que será continuada y finalizada por G. de Andrés (6). Los tres tomos de este último constituyen un modelo por su precisión y principios metodológicos, que se reflejan en los numerosos y cuidados índices. Es necesario destacar el cuarto volumen dedicado a la investigación de 645 manuscritos griegos, presuntamente perdidos en el incendio de 1671. Por su parte, la Biblioteca Nacional comenzó en 1970 bajo la dirección de José López Toro la confección de un inventario general que sigue apareciendo a cargo de G. de Andrés (7). El mismo autor publicó el catálogo de los códices griegos (8).Últimamente, ha aparecido también un catálogo de los manuscritos griegos de la Biblioteca Capitular de la Seo (Zaragoza) a cargo de A. Escobar (9). Precisamente en la presentación del catálogo mencionado en último lugar, D. Harlfinger sostiene "La catalogación de todos los pequeños fondos de manuscritos griegos existentes en la península ibérica es un deber y, al mismo tiempo, un gran anhelo. Cabe esperar que los investigadores españoles y portugueses consigan este objetivo aún en el curso del presente milenio". Este deseo se aplica especialmente al fondo salmantino, que, aun siendo uno de los fondos más importantes tanto histórica como numéricamente, por su difícil historia no cuenta todavía con un catálogo completo y moderno de su fondo griego. El fondo de manuscritos estuvo durante mucho tiempo divido.
a a partir del siglo XVII y es casi contemporánea de las catalogaciones de Florencia (Bandini 1764-1770), lo que muestra el carácter avanzado de esta obra monumental. Durante el siglo XIX las catalogaciones llevadas a cabo por eruditos franceses, en particular las obras surgidas de los viajes de investigación (missions) de Graux (sobre todo 4 y 5). El catálogo (4) ofrece un inventario de los manuscritos existentes en la segunda mitad del XIX, mientras que la historia del fondo del Escorial (5) sigue siendo la piedra fundamental de la investigación. En este siglo, en 1936 A. Revilla comienza con la catalogación de los primeros 178 manuscritos de dicho fondo, que será continuada y finalizada por G. de Andrés (6). Los tres tomos de este último constituyen un modelo por su precisión y principios metodológicos, que se reflejan en los numerosos y cuidados índices. Es necesario destacar el cuarto volumen dedicado a la investigación de 645 manuscritos griegos, presuntamente perdidos en el incendio de 1671. Por su parte, la Biblioteca Nacional comenzó en 1970 bajo la dirección de José López Toro la confección de un inventario general que sigue apareciendo a cargo de G. de Andrés (7). El mismo autor publicó el catálogo de los códices griegos (8).Últimamente, ha aparecido también un catálogo de los manuscritos griegos de la Biblioteca Capitular de la Seo (Zaragoza) a cargo de A. Escobar (9). Precisamente en la presentación del catálogo mencionado en último lugar, D. Harlfinger sostiene "La catalogación de todos los pequeños fondos de manuscritos griegos existentes en la península ibérica es un deber y, al mismo tiempo, un gran anhelo. Cabe esperar que los investigadores españoles y portugueses consigan este objetivo aún en el curso del presente milenio". Este deseo se aplica especialmente al fondo salmantino, que, aun siendo uno de los fondos más importantes tanto histórica como numéricamente, por su difícil historia no cuenta todavía con un catálogo completo y moderno de su fondo griego. El fondo de manuscritos estuvo durante mucho tiempo divido.
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